La fundamental importancia de la imagen digital para cualquier tipo de actividad empresarial

Ahora que todos somos digitales nos hemos olvidado de una máxima analógica: más vale calidad que cantidad.

Y es que la premisa no debe ser aparecer en todas las redes sociales, poseer una web fantástica que nos muestre al mundo, configurar un ecommerce de referencia o dar de alta 500 direcciones de correo electrónico diferentes. La premisa debe ser contestar al remitente cuando nos envían un email. Así de sencillo.

Y ese gesto que parece “tan sencillo”  y lógico es práctica habitual por su “no ejecución”, ya sea entre los new digitals o entre los que aterrizamos de épocas primitivas donde los móviles no eran tal y las cabinas de teléfono poblaban nuestras ciudades.

¿Os imagináis que alguien os está hablando o interpelando y vosotros simplemente… no le contestáis? Mala educación, ¿verdad? Pues tres cuartos de lo mismo. Si queremos empezar a mejorar nuestra imagen digital, entendida como la imagen en la red de nuestro comercio, despacho profesional o micro (y no tan micro) empresa, empecemos por contestar los correos electrónicos cuando nos los envían o los WhatsApp cuando los recibimos. No es necesario escribir un libro. Un simple “ok” o un "recibido" sirven.

Aspecto añadido a lo expuesto es contestar con un lenguaje correcto, una construcción de frases coherente y con ausencia de faltas de ortografía. En las diferentes redes sociales, y entre aquellos que se jactan de ser esplendidas figuras en su manejo para potenciar su actividad, podemos encontrar recurrentes ejemplos de lo que no debería ser una redacción acorde con un mínimo estándar de calidad. El resultado es una imagen digital nefasta, que sólo pasa desapercibida entre aquellos personajes que comparten el mismo nivel de calidad en sus redes privadas. El resto, que son la mayoría, perciben todo lo contrario del teórico objetivo buscado.

En conclusión, presencia en internet sí, por supuesto, pero mucho ojo a cómo nos mostramos porque los teóricos beneficios se pueden volver en contra como un boomerang si esa presencia no transmite calidad.

Y para saber si la transmite o no, es de vital importancia, primero, saber dónde estamos. Y ello se consigue con el análisis pormenorizado de nuestra imagen digital, un análisis que debe incluir monitorizar las redes, y lo que no son redes, durante un periodo concreto de tiempo y que debe concluir en cómo de bien o no tan bien lo estamos haciendo.

Y con el resultado, las soluciones. O las mejoras. Siempre se puede mejorar, Y es evidente que nadie ha nacido aprendido ni con la obligación de ser un experto en lo que no es. Por tanto, confiemos en un profesional de prestigio para implementar las mejoras derivadas del análisis previo. No hacerlo es seguir poniendo a nuestro negocio en un riesgo innecesario, a veces imperceptible para el titular, que puede derivar en lo que todos más tememos: el descenso de las ventas de los productos o servicios que comercializamos.

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